miércoles, 2 de enero de 2008

Orar con el corazón

Hoy he estado leyendo un poco ese maravilloso libro que es "Medjugorje, el triunfo del corazón" de Sor Emmanuel, que Virginia no se cansa de recomendar... y con razón. He leído un testimonio que ya conocía por otros medios, pero que me ha impresionado y me ha llegado al corazón. Es un pelín largo para el blog, pero igualmente os lo comparto, vale la pena leerlo:

Paul pasaba la mayor parte de su tiempo afuera y sentía especial predilección por la iglesia Saint- Jacques, en París, bajo cuyo pórtico mendigaba. Es necesario aclarar que la botella era su fiel compañera y la cirrosis del hígado (entre otras enfermedades) testigo permanente de aquella. Su tez no presagiaba nada bueno y la gente del barrio, aunque sin interesarse demasiado por su suerte, sabía que cualquier día no lo encontraría más allí.

Sin embargo, una buena alma de la parroquia, la señora N., afligida al verlo tan atrozmente solo, había iniciado con él cierto diálogo. Ella se había dado cuenta de que, dejando su lugar en el atrio, por la mañana, él entraba en la iglesia (crónicamente vacía) y se sentaba en primera fila, frente al sagrario. Así nomás… sin hacer nada.
Ella le hizo entonces esta pregunta:

- Paul, me he dado cuenta de que entras frecuentemente en la iglesia. ¿Pero qué haces allí sentado durante una hora? No veo que tengas un rosario o libro de oración; incluso a veces te quedas medio dormido… ¿Qué haces allí adentro? ¿Rezas?

- ¿¡Cómo quieres que rece!? ¡Olvidé todas las oraciones que me enseñaron, cuando de chico iba al catecismo! ¡Ya no sé nada! Entonces, ¿qué hago? Pues es muy sencillo: voy hasta el sagrario, allí donde está Jesús, solo en su cajita, y le digo: "¡Jesús! ¡Soy yo, Paul! Vengo a verte!" Y me quedo un rato… ¡Cuestión de estar allí, pues…!

La señora N. se queda muda. Pasan los días, sin mucho cambio, pero ella no se olvida de las palabras de Paul. Y lo que tenía que suceder, sucedió: Paul desapareció del atrio. ¿Enfermo? ¿Muerto tal vez? Ella averigua, sigue su rastro hasta el hospital y va a visitarlo. El pobre Paul está extremadamente mal, conectado a mil tubos, la tez color ceniza, muy característico de quien está a punto de morir. El pronóstico es grave…

La buena samaritana vuelve al día siguiente, esperando que le den la triste noticia… Pero no, Paul está sentado sobre su cama, bien erguido, recién afeitado, la mirada radiante. ¡Una verdadera metamorfosis! Una expresión de felicidad emana de su rostro, casi una luz.

La señora N. se refriega los ojos… ¡Pero sí! ¡Es él!

- ¡Paul! ¡Es increíble! ¡Has resucitado! No eres el mismo hombre. ¿Qué pasó?

- Pues, fue esta mañana. ¡Me sentía tan mal…! Y de repente vi a alguien parado ahí al pie de mi cama. Era hermoso… ¡Pero tan hermoso…! ¡No puedes ni imaginarte! Me sonrió y me dijo: "¡Paul! ¡Soy yo, Jesús! ¡Vengo a verte!"

¿Orar con el corazón? Es dirigirnos a Dios como somos, con todo lo que tenemos. Y cuando no tenemos nada, ir hacia él sin nada. Al igual que la viuda indigente del Evangelio, Paul, seguramente, había consolado a Jesús como nadie lo había hecho…

3 comentarios:

nariz de pez dijo...

Bieeeeen! Espero que muchas personas puedan leerlo, no porque a mí me guste; sino porque de verdad habla desde Dios y se nota, porque el libro está lleno de testimonios como ese. Así que ya sabéis a pedírselo a Gaspar.

Ljudmila dijo...

David gracias por este testimonio de la vida que recupera, que verdaderamente llena nuestros corazones. Natural´te gracias a Virginia tambien. Voy a buscar el libro. Nunca he estado en Medjugorje, pero he escuchado comentarios que conmueven. El ambiente de oración que alli se respira es fuerte.

Anónimo dijo...

He leido este libro y me encantó, es para leerlo en muchisimas ocasiones...y que no se nos olvide, a mi la primera que el Señor siempre está esperando (aunque yo no lo vea)que te acerques sin nada y que te dejes caer en sus brazos... Gracias por recordarmelo!!