sábado, 13 de octubre de 2007

La oración de alabanza

La oración de alabanza es quizás la más desconocida de todas, es tan desconocida que incluso en ambientes católicos puede llegar a descolocar y extrañar a más de uno. Sin embargo, es una señal de identidad en la Renovación Carismática Católica. Así que hoy intentaré compartir un poco sobre este tema.

El Catecismo nos dice: "La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace sino por lo que Él es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la Gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16), da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquél que es su fuente y su término: "un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros" (1 Co 8, 6)."

Es muy importante recordar lo que está en negrita. En la oración de petición o de agradecimiento, siempre ponemos el centro en nosotros mismos: "Te pido que ME ayudes", "Te pido que ME cures", ... "Te doy gracias porque ME has ayudado", "Te doy gracias porque ME has curado", ...

Fijémonos, sin embargo, en el Gloria (es que nuestra madre, la Iglesia, es tan sabia...): Gloria a DIOS en el Cielo (...) Por TU inmensa Gloria, TE alabamos, TE bendecimos, TE adoramos, TE glorificamos (...) Aquí el centro es Dios, ya no somos nosotros, todo gira en torno a Él, salimos de nosotros mismos con nuestros problemas y sólo miramos a Dios...

Los frutos de la alabanza son innumerables... Nos acerca a Dios, a su presencia, parece que podemos tocar el cielo, nos libera de nuestras esclavitudes, cura nuestra alma, nos inunda de una profunda y verdadera alegría (como esa de la que nos habla San Francisco, dos entradas más abajo).

Seguiré hablando en una próxima entrada sobre la vida en alabanza, para no sobrecargar... Que Dios te bendiga.

Por cierto, ¿sabéis qué fue lo primero que dijo Juan Pablo II cuando fue elegido Papa y salió al balcón ante la multitud?:

¡¡ALABADO SEA JESUCRISTO!!

1 comentario:

nariz de pez dijo...

Puesque así sea, que a ejemplo de Juan Pablo podamos tener una vida basada en ese sacrificio de alabanza qeu tanto nos habla la palabra de Dios. Muchas gracias por esta entrada, seguro que ha ayudado a muchas personas además de a mí.