martes, 17 de julio de 2007

Sobre la paz y el discurso de Robert Kennedy

Unas frases del discurso de Robert Kennedy me resultan realmente interesantes:

“Pues cuando enseñas a un hombre a odiar y temer a su hermano, cuando le enseñas que es un ser inferior, por su color, o sus creencias, o las normas que siguen, cuando le enseñas que los que son distintos a ti, amenazan su libertad, o tu trabajo, o tu hogar, o tu familia, entonces aprende también a enfrentarse a los otros, no como conciudadano, si no como enemigos, recibiéndolos no como cooperantes, si no como invasores que subyugan y someten.


Y al final aprendemos a mirar a nuestros hermanos como extraños, extraños con los que compartimos una ciudad pero no una comunidad, hombres ligados a nosotros en una viviendo común, pero no en un esfuerzo común. Tan solo aprendemos a compartir un miedo común, solo un deseo común, de alejarse del otro, solo un impulso común, de superar el desacuerdo con la fuerza.

Nuestra vida en este planeta es demasiado corta, el trabajo por hacer es demasiado grande para dejar que ese espíritu prospere por más tiempo en esta tierra nuestra. Desde luego, no podemos prohibirlo con militares, ni con una resolución, pero quizás podamos recordar, aunque sea por un momento, que aquellos que viven con nosotros son nuestros hermanos, que comparten con nosotros el mismo corto momento de vida, que sólo buscan, como nosotros, la oportunidad de vivir la vida con bienestar y felicidad, disfrutando lo que la satisfacción y el logro les proporciona.”


“Bobby Kennedy”, describe en su discurso un contexto violento generado por la mentira, la mentira sobre el hombre, sobre el otro, un engaño suscitado desde arriba, poco a poco, generado por el miedo a lo distinto, por el miedo a perder el poder. Y finalmente reconoce que la solución no está en manos de ningún poder político, sino en cada uno de nosotros. Juan Pablo II ya nos advertía que en el origen de todo mal de nuestra sociedad está el pecado.

El Papa Juan XXIII en su encíclica “Pacem in Terris”, apuntaba como bases para una convivencia pacífica los siguientes:

- Respeto a la dignidad natural de la persona. Respetar los derechos y deberes propios y ajenos.
- Eliminar las desigualdades injustas, luchar por la justicia.
- Relaciones internacionales basadas en la verdad, justicia, solidaridad y libertad.

Así encontramos que la base para construir la paz, es que veamos en el otro a un hermano nuestro, con nuestra misma dignidad que no es otra que la dignidad de los hijos de Dios. La iluminación de nuestras vidas por Jesucristo, Luz del mundo, es luz para nuestra sociedad, la Paz de Dios es la única paz estable y auténtica para nuestro mundo. Parece que San Agustín ha sido el único que ha dado una definición positiva de la paz: “tranquillitas ordinis”, esto es un orden estable, armonioso, en el que cada cosa mantiene su puesto.

¿Y cuál es la norma para los cristianos? Sin lugar a dudas, Jesucristo. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El amor, debe ser el motor del cristiano. La paz no es un gran concepto que se da por sí mismo, que se pueda producir a nivel social o agregado, la paz se construye individualmente, es responsabilidad de cada hombre y mujer construir la paz, amando.

Con el asesinato de Robert Kennedy, muchos ciudadanos estadounidenses vieron como se hundían sus sueños... Me recuerda, salvando las distancias, a aquellos dos que salieron de Jerusalén camino de Emaús, tristes, abatidos, ... no entendían nada, sus sueños se habían apagado, Aquél que había de venir a salvarnos, había sido ejecutado. Cuando ponemos nuestras esperanzas en los hombres, como si de ellos dependiera nuestro bien, nos equivocamos, es Jesús el único salvador del mundo, a través de Él y su Palabra es como encontraremos la paz, mientras siga habiendo gente dispuesta a imitar a Cristo, habrá esperanza, habrá más Robert Kennedy y mejores. Por cierto, Bobby, era de origen irlandés, católico.

Para saber más:

Pacem in Terris (Beato Juan XXIII)
Sollicitudo Rei Socialis (Juan Pablo II)



5 comentarios:

nariz de pez dijo...

Pues no podría haberlo expresado mejor. Este post me ha hecho mucho bien. Son cosas que ya pensaba, pero que a veces me cuesta poner en palabras.
Sin la paz en el corazón, nunca podremos consegir la paz en nuestras ciudades; y la paz en el corazón sólo nos la puede dar Jesucristo.
Muchas gracias, David

Miblog.Ángel dijo...

Gracias por tu enlace, ahora mismo pongo el tuyo en el mío.

Raquel dijo...

Mmmm, buen lavado de cara.
Ahora no tengo tiempo de leerlo y comentar como Dios manda, que salgo a comer, sólo quería decir eso. Este blog va cogiendo peso.
Apertas.

María de Betania dijo...

Yo también tengo que darte las gracias por tu enlace a mi blog. Ya he incluido en él uno al tuyo. Un abrazo y adelante con esta tarea.

Anónimo dijo...

Me llama la atención las palabras de Juan XXIII sobre respetar la naturaleza de la persona, digo me llaman la atención porque la iglesia, al menos en mi país que es España, se encarga de satanizar y vilipendiar a las personas que tienen una naturaleza que les molesta, como son los homosexuales, lesbianas o personas de otra religión.
No pretendo insultar ni criticar, si no animar a cambiar, a aceptar a los demás conforme son, me considero creyente pero a veces no acepto la doble moral de la iglesia, pues como tu mismo has dicho, Jesús nos dio el mandamiento de amarnos unos a otros. Espero de corazón que algún día todo el mundo que lo desee pueda ser aceptado tal y como es porque eso es lo que Jeucristo nos enseñó.
Salud y sed felices