Suele ocurrir que invertimos tiempo y dejamos volar nuestra mente por nuestro pasado y muchas veces es reconfortante, otras inquietante. Qué bonito es poder recordar la niñez, los años más jóvenes o cualquier otra época en la que por lo general, todo era mejor... A mí me pasa que a veces, al recordar mi niñez siento unas ganas tremendas de poder volver y conocerme niño y conocer a toda la gente que me rodeaba en aquella época, pasear por mi ciudad, ver a gente todavía viva, etc. Me ocurre que siempre recuerdo los tiempos pasados con un sentimiento de nostalgia porque ya no volverán. Pensaba hoy y recordaba esa frase de cualquier tiempo pasado fue mejor o Rick Blaine diciéndole a Elsa Laszlo que "siempre nos quedará París" pensando que si el presente es gris siempre podrás recordar un pasado de colores.
Tagore, el filósofo hindú, nos dice que si lloras por no ver el sol, las lágrimas no te dejarán ver la estrellas... no puede ser más claro. Mientras nos lamentamos porque el pasado ya ha pasado o disfrutamos evadiéndonos en esos pensamientos y olvidamos el presente, pues no podemos ver las estrellas que nos rodean. Y es que ocurre también que cuando vivíamos aquellos momentos del pasado probablemente no éramos conscientes de vivir un gran momento, pero con perspectiva sí lo fue... así que ahora tenemos la oportunidad de saborear nuestro día a día con más consciencia.
Y es que Jesucristo ya nos dijo que a cada día le basta su propio afán y que no debía inquietarnos ni pasado ni futuro, sino vivir el hoy que es el que podemos vivir. A veces nos agobiamos pensando qué será de nosotros, qué haremos, qué pasos daremos, o bien, nos quejamos de haber hecho esto o aquello que ya no podemos cambiar, ... el caso es que nos perdemos el ahora que es donde sí podemos cambiar las cosas.
El mundo cambiará así. La experiencia nos permite ver como desde lo pequeño, desde mi propio espacio y desde el momento presente puedo cambiar yo y así cambia el mundo, pues el mundo es solo el agregado de todos nosotros, no es un ente que cambia solo, que podamos modificar externamente, nosotros lo formamos y, por tanto, de nuestra respuesta en el ahora depende ese cambio. Carpe diem quam minimum credula postero... (aprovecha el día, no confíes en mañana) y esto para el que tiene una esperanza cierta no supone malgastar la vida en cosas vanas, sino al contrario, labrarse ahora un futuro precioso y eterno.